El paciente con demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, no acostumbra cuando la enfermedad ya está establecida, a ser consciente de sus dificultades. Los fallos, errores u olvidos, a veces tremendos, pasan desapercibidos o son justificados con despreocupación o enfado.

En algún momento, el paciente puede darse cuenta de que su memoria es deficitaria y entristecerse, llorar incluso. Por suerte, en el mismo problema está el alivio, ya que es fácil que se distraiga y olvide que olvida. Un entorno solícito puede ser clave para superar momentos así.
Hay que destacar, no obstante que, junto con otros trastornos de conducta, se observa depresión y/o ansiedad en algún momento de la evolución (generalmente al principio) y que estas depresiones requieren de tratamiento farmacológico, al que suelen responder favorablemente.
Nuestra Asociación y los profesionales somos conscientes de que es la familia la que soporta el mayor sufrimiento moral.
Intentar que esta familia reciba apoyo de toda clase redunda, a su vez, en beneficio del paciente, cuya placidez depende, a menudo, del ánimo de sus allegados.
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